 |
Defensa
de un condenado a muerte |
Por
Mehdi Dibaj
El
autor pasó nueve años en una cárcel de
Irán por el "delito" de abandonar su
fe islámica y convertirse al cristianismo. Fue sentenciado
a ser ahorcado, y el 3 de diciembre de 1993 presentó
su defensa ante la Corte de Justicia con el texto que se reproduce
más abajo. El 16 de enero de 1994 fue liberado, pero
a principios de julio su cuerpo fue encontrado sin vida.
En el santo
nombre de Dios, quien es nuestra vida y existencia! Con toda
humildad expreso mi gratitud al Juez de todo el cielo y la tierra
por esta preciosa oportunidad y, en quebrantamiento, espero
en el Señor que Él me libre del juicio de esta
Corte, según sus promesas. También ruego a los
honorables miembros de la Corte que escuchen con paciencia mi
defensa, con respeto por el nombre del Señor.
Yo soy cristiano,
un pecador que cree que Jesús ha muerto en la cruz por
sus pecados, y que por su resurrección y victoria sobre
la muerte me ha hecho justo en la presencia del santo Dios.
El Dios verdadero habla de este hecho en su santa Palabra, el
Evangelio. Jesús significa Salvador, «pues El salvará
a su pueblo de sus pecados». Jesús pagó
el castigo de nuestros pecados con su propia sangre y nos dio
una nueva vida para que podamos vivir para la gloria de Dios
con la ayuda del Espíritu Santo, y ser como una represa
contra la corrupción, ser un canal de bendición
y sanidad, y estar protegidos por el amor de Dios.
En respuesta
a esta bondad, El me ha pedido que me niegue a mí mismo
para ser su seguidor sin reservas, sin temer a los hombres aunque
maten mi cuerpo, sino que dependa del Creador de la vida, quien
me ha coronado de misericordia y compasión, y quien es
el gran protector de sus amados y su grande galardón.
Se me acusa
de apóstata. El Dios invisible que conoce nuestros corazones
nos ha dado seguridad a los cristianos de que no estamos entre
los apóstatas que perecerán sino entre los creyentes
para la salvación de nuestras vidas. En la ley islámica
un apóstata es alguien que no cree en Dios, los profetas
o la resurrección de los muertos. ¡Los cristianos
creemos en todo eso!
Ellos dicen:
«Eras musulmán y te has hecho cristiano».
No, durante muchos años no tuve religión. Tras
buscar y estudiar acepté el llamado de Dios y creí
en el Señor Jesucristo para recibir vida eterna. Las
personas escogen su religión pero el cristiano es escogido
por Cristo. Él dice: «No me elegisteis vosotros
a mí, sino que yo os elegí a vosotros».
¿Desde cuándo? ¡Desde antes de la fundación
del mundo!
La gente
dice: «Tú fuiste musulmán desde tu nacimiento».
Dios dice: «Tú eras un cristiano desde el comienzo».
El declara habernos escogido hace miles de años, incluso
antes de la creación del universo, ¡para que a
través del sacrificio de Jesucristo seamos suyos! Ser
cristiano significa pertenecer a Jesucristo.
El Dios
eterno que ve el fin desde el comienzo y quien me ha elegido
para pertenecerle, conocía desde la eternidad aquellos
cuyos corazones serían atraídos a Él y
también aquellos que estarían dispuestos a vender
su fe y eternidad por un plato de lentejas. Yo preferiría
tener todo el mundo en mi contra pero saber que el Dios omnipotente
está conmigo; ser tildado de apóstata pero saber
que tengo la aprobación del Dios de la gloria; porque
el hombre mira la apariencia exterior pero Dios mira el corazón,
y para Él que es eternamente Dios nada es imposible.
Todo poder en los cielos y la tierra está en sus manos.
El Dios
todopoderoso ensalzará al que elija y humillará
a otros, aceptará a algunos y rechazará a otros,
enviará a unos al cielo y a otros al infierno. Ahora,
dado que Dios hace lo que quiere, ¿quién puede
separarnos del amor de Dios? ¿O quién puede destruir
la relación entre el Creador y la criatura, o derrotar
al corazón que es fiel a su Señor? ¡Estará
seguro bajo la sombra del Omnipotente! Nuestro refugio es el
propiciatorio de Dios quien es excelso desde siempre. Yo sé
en quien he creído, y Él es poderoso para guardar
lo que le he confiado hasta el fin, hasta que llegue al reino
de Dios, el lugar donde los justos resplandecen como el sol
y los malhechores recibirán su castigo en llamas eternas.
Me dicen:
«¡Vuelve!» Pero de los brazos de mi Dios,
¿a quién podré volver? ¿Es justo
hacer caso a lo que la gente está diciendo en vez de
obedecer la Palabra de Dios? Hace cuarenta y cinco años
que camino con el Dios de los milagros, y su bondad sobre mí
es como sombra a mi mano derecha; le debo mucho por su amor
y cuidado paternal.
El amor
de Jesús ha llenado todo mi ser y siento el calor de
su amor en cada parte de mi cuerpo. Dios, quien es mi gloria
y honra y protector, ha puesto su sello de aprobación
sobre mí con sus copiosas bendiciones y milagros.
Esta prueba
de mi fe es un claro ejemplo. El buen y bondadoso Dios corrige
y castiga a todos los que Él ama. Los prueba en preparación
para el cielo. El Dios de Daniel, que protegió a sus
amigos en el horno de fuego, me ha protegido durante nueve años
en la cárcel y todas las cosas malas han resultado para
nuestro bien y provecho, a tal punto que no logro contener mi
gozo y gratitud.
El Dios
de Job ha probado mi fe a fin de fortalecer mi paciencia y fidelidad.
Durante estos nueve años El me ha librado de todas mis
responsabilidades para que, bajo la protección de su
bendito Nombre, pasara mi tiempo en oración y el estudio
de su Palabra, en quebrantamiento y autoexamen, para crecer
en el conocimiento de mi Señor. Alabo al Señor
por esta preciosa oportunidad. «Ensanchaste mi encierro,
mis infortunios trajeron sanidad y tus bondades me reavivaron».
¡Cuán grandes las bendiciones que Dios ha preparado
para los que le temen!
Me echan
en cara que evangelizo. Pero «si encuentras a un ciego
cerca de un pozo y guardas silencio, has pecado» [verso
persa]. Es nuestro deber religioso, mientras Dios nos extienda
su misericordia, persuadir a los pecadores que se vuelvan de
sus malos caminos y encuentren refugio en Él para salvarse
de la ira de un Dios justo y del terrible juicio venidero.
Jesucristo
dice: «Yo soy la puerta, el que entra por mí será
salvo.» «Yo soy el camino, la verdad y la vida;
nadie viene al Padre sino por mí». «En ningún
otro hay salvación, porque no hay otro nombre bajo el
cielo dado a los hombres, en el cual podamos ser salvos».
Entre los profetas de Dios, sólo Jesucristo resucitó
de los muertos, y Él es nuestro intercesor viviente por
la eternidad.
El es nuestro
Salvador y Él es el Hijo de Dios. Conocerle a Él
es conocer la vida eterna. Yo, inútil pecador, he creído
en su bendita persona y en todas sus palabras y milagros registrados
en el Evangelio, y he entregado mi vida en sus manos. La vida
para mí es una oportunidad para servirle, y la muerte
una oportunidad aún mejor para estar con Cristo. Por
lo tanto, no sólo estoy contento de estar en prisión
por el honor de su santo Nombre, sino que estoy presto a dar
mi vida por amor a Jesús, mi Señor, y llegar más
pronto a su reino, el lugar donde los elegidos de Dios entran
en la vida eterna y los malvados en la condenación sin
fin.
Que la sombra
de la bondad de Dios y su mano de bendición y sanidad
sea sobre vosotros y permanezca para siempre.
¡Amén!
Con respeto,
vuestro prisionero cristiano,
MEHDI
DIBAJ
Defensa
de un condenado a muerte | Una
teologia del martirio | Tabla de persecución